domingo, 26 de julio de 2009

Despedida de La Tribuna de Guadalajara

Hoy, como tantos otros días, puede significar mucho para algunas personas. Puede que se celebre un cumpleaños, un aniversario, que nos vamos de vacaciones, el santo del día... de hecho es mi santo, ahora que caigo: Santa Ana. Pero también puede ser un domingo como otro cualquiera, en el que aprovechar para ver a la familia, los amigos, salir de copas o limpiar la casa. Pero hoy, para una servidora, es un día un poco triste.

Para la mayoría no será nada especial, nos estamos acostumbrando a estas cosas a una velocidad de vértigo, pero yo lo estoy sintiendo mucho. Este 26 de julio de 2009 es el último día que el diario La Tribuna de Guadalajara está en los kioskos tras 11 años de historia. Fue el primer diario de la provincia, hasta el momento la periodicidad no superaba la semanal en otras publicaciones, y fue donde escribí mis primeras palabras como periodista... aunque fuera como humilde becaria. Recuerdo que fue un artículo sobre una bodega... un desastre de texto, por otra parte, pero el primero, luego importante.

Por aquel entonces, La Tribuna tenía sólo dos años de vida y nosotros nos reíamos a la par que nos quejábamos de cómo las autoridades, empresas o la fuente que fuere no entendían nuestras prisas en obtener la información que solicitábamos: -"Oye, que lo necesito hoy para que salga mañana...". -"Si, bueno, luego te llamo".


La razón de su desaparición es, como se está viendo en diversos sectores, un Expediente de Regulación de Empleo, las famosas siglas ERE, que en este caso ha sido tan contundente como para 'expedientar' a toda la plantilla. Desde hace varios años, Las Tribunas, repartidas por toda Castilla-La Mancha, pertenecen al grupo PROMECAL, de Antonio Méndez Pozo quien ha diezmado sus redacciones haciendo desaparecer, incluso, dos de ellas: la mencionada de Guadalajara y la de Cuenca.

Cuando una empresa no es sostenible, pues tiene que cerrar y punto. Nadie nos hemos caido de un guindo. Pero el periodismo es una de esas profesiones que se caracteriza por el cóctel de ser vocacional o vuelcacional, si se me permite la broma, por lo que se vuelcan aquellos que la practican, a la par que terriblemente mal pagada. Por ello, todos los medios están plagados de profesionales que pese a no haber puesto un duro en el negocio, invierten tantas horas como los autónomos, sacrifican (y de qué manera) la vida personal y juegan a veces con la salud. Por ello, estos reveses duelen más que el simple hecho de perder tu puesto de trabajo, trago que de por sí es realmente duro.


La Tribuna de Guadalajara no sería rentable para este señor, pero cuando sabes que como tantos empresarios ha tonteado, y de qué manera, con el boom inmobiliario y sus excesos, pues te molesta un poquito más todo lo que está pasando. Además, luego empiezas a hacer memoria, y resulta que también tiene en su currículum alguna condenilla por falsedad documental, y el cómo se ha mantenido gracias al mamoneo de las cajas, en este caso de la intervenida de Castilla-La Mancha... Para muchos constructores y promotores ha molado mucho tener un grupo de comunicación y cuando llegan las vacas flacas, pues siguiendo su costumbre, se para la obra y a otra cosa.


Para más inri, esta misma semana su carita, la misma que ha inundado los carteles de mis ex compañeros durante sus manifestaciones por un acuerdo justo antes de irse a la calle, aparecía en La Razón linda y lironda tras recibir el primer 'Premio de Evolución' de la Fundación Atapuerca "por su impulso y contribución al desarrollo de los trabajos arqueológicos de los yacimientos durante las últimas tres décadas", destacando el rotativo su decisivo "esfuerzo y compromiso". No me digan que no tiene guasa dar un premio de evolución a los especímenes que tenemos en España en el sector de la construcción...


No quiero desmerecer su gesta, porque invertir en ciencia y cultura siempre está muy bien. Pero, en fin, los fósiles de Atapuerca ya no tienen que comer ni pagar hipotecas. No obstante, allá cada uno con su dinerito, que para eso es suyo.


Tan sólo quiero con estas líneas volver a dar mi apoyo a mis ex compañeros, algunos buenos amigos pese a los años transcurridos. Reiterar las gracias por enseñarme tantas cosas (siempre se desdeña a la prensa local y provincial y es donde más aprende) y por su confianza, ya que no sólo estuve como becaria, sino que me hicieron el primer contrato en condiciones tras licenciarme. Y desearles que se abra una gran etapa en sus vidas al término de ésta, que concluye abruptamente, pero con la enorme satisfacción del trabajo bien hecho. Enhorabuena y adelante.

sábado, 6 de junio de 2009

Día ‘D’ discursos...

... y empezando por el de una servidora.

Hoy se celebra el LXV aniversario del Desembarco de Normandía, el llamado día ‘D’ de disgusto para los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y los líderes coyunturales (sobre todo Gordon Brown... lo de coyuntural, digo) se han juntado en amor y compaña para dar unos cuantos discursos sobre paz y armonía mundial... Israel y los palestinos. ¿No les parece bonito? Pues, como siempre, deléitense con las palabras.


En España, mientras tanto, estamos en vísperas de elecciones europeas, que es un trámite para dar patadas hacia arriba a lo que sobra de cada partido para que chupen del bote y dejen tranquilos a los que se quedan. Confieso que iré a votar. Siempre lo hago por cargo de conciencia, ya que hay tantos países que luchan por este derecho y, principalmente, por la cantidad de años que en mi propio país se luchó por ello. Mi voto no suele servir para nada, doy fe que procuro que así sea, pero participo por respeto a la generación de mis padres. No obstante, si no va ni Blas, ni me sorprende ni me indigna, puesto que es un síntoma normal de la podredumbre supina de la clase política de la que el vulgo, pese a ser muy vulgar, tiene cumplida cuenta.


La abstención debería ser una opción política que contara, creo que debería haber un tanto por ciento de participación como tope bajo el cual unas elecciones fueran anuladas por no ser representativas. Pero claro, una desea tantas cosas imposibles...


Hoy es día ‘d’ discursos y podría celebrarse cualquier otro día, porque de ésos estamos hasta las cejas.


Hace ya varias semanas que quería escribir sobre este tema, pero hasta ahora no me ha apetecido realmente. Fue a raíz de uno de esos discursos ocurrentes de un político que combinado con la experiencia personal siempre da lugar a un brutal choque frontal.


Tenemos por estos lares una ministra jovencita y muy guapa, monísima, que dice que un feto hasta las trece semanas es un ser vivo pero no es un ser humano y para sustentar su afirmación hace referencia a la tesis de científicos, en general, de los cuales sus nombre no debería querer acordarse. Pero ahora debe ser suficiente decir que ‘lo dicen los científicos’, porque como se les cite a lo mejor piden canon y no está la cosa para derrochar.


La cuestión se ha prestado a numerosos chistes, a cada cual más oportuno, por ello no voy a bromear con la nueva ‘aidocurrencia’, simplemente a dar un punto de vista: miren la imagen que ilustra dos ‘posts’ más abajo: pertenece a mi bebé con sólo diez semanas de gestación.


Pero aparte de indignarme de que este personaje haya llamado de alguna manera ‘bicho’ a mi hijo, porque le venía bien en medio de la eterna polémica de la ley del aborto, más me indigna que la oposición saque su artillería más pesada contra dicha legislación cuando en las comunidades que gobiernan fomentan, y lo digo con conocimiento de causa, el aborto.


Una servidora reside en la Comunidad de Madrid, cuya Sanidad es dirigida por el gobierno regional que es del Partido Popular, y ha sufrido tremendas presiones para hacer pruebas invasivas muy peligrosas, sin recibir información en el centro hospitalario, y con el fin de descartar anomalías en el bebé que, pese a no ser incompatibles con la vida, son a día de hoy justificación para poder abortar.


Después de buscar la información por nuestra cuenta, en otros centros de otras comunidades y en médicos privados, volvimos a hablar con nuestro médico:


Mi santo y yo: “Esa prueba no la queremos hacer por el riesgo que conlleva, queremos la menos peligrosa”.


El médico: “Pero esa ya no hay plazo, porque requiere de tres semanas para conocer los resultados”.


Mi santo y yo: “Pero tiempo para qué...”.


El médico: “Para interrumpir el embarazo”.


Mi santo y yo: “Pero si partimos de que nosotros no queremos interrumpir el embarazo, tan sólo un diagnóstico, queremos información, da igual lo que tarde”.


El médico: “No, estas pruebas están para lo que están”.


Yo que soy una inocente, pensaba que dichas pruebas eran para diagnosticar. Pero no, son para descartar niños de los que no puedes presumir en el parque.


Por las indagaciones a las que nos hemos visto abocados, resulta que por los protocolos de la Sanidad madrileña, para evitar denuncias, están haciendo pruebas invasivas a tutiplén, a sabiendas de que la mayoría son absolutamente innecesarias. Para más inri, a veces das con profesionales de la salud que ni siquiera dan la información necesaria para tomar una decisión madurada.


Yo me pregunto cuántas mujeres que, por no conocer bien el idioma o por ser más volubles o por creer que la palabra del médico va a misa, se han sometido a dichas pruebas sin la sufiente información con indeseables consecuencias.


También me pregunto, aunque esto ya es un sentimiento totalmente personal, por qué se fomenta la eugenesia. Imagino que saben quienes la defendían y la practicaban, precisamente los damnificados del día ‘D’.


En torno al tema del aborto voluntario no hay más que falacias. Aún no ha habido un diálogo serio y no se ponen más que parches.


Los que ahora legislan han hecho una ley de plazos en la que amplían el tiempo de permiso y en la que establecen que las chicas de 16 años no requieran de permiso paterno. Los que están en contra, critican las medidas de hoy y de ayer y parece que todos son católicos y apostólicos.


Desde este espacio, tan sólo puedo dar un punto de vista que creo que es intermedio.


Estoy de acuerdo con que exista el derecho al aborto, una ley de plazos y que las chicas puedan tener la última palabra a partir de los 16 años. Pero creo que es incompleta.


Una persona que tiene 16 años ya puede elegir si quiere un tratamiento o no ante una enfermedad terminal, por ejemplo. De acuerdo que hay 16 años que son como 12 y otros que son como 20, pero las leyes se escriben sobre papel y a esos matices no pueden llegar. Por ello, creo que deben tener la última palabra, la última de otras que escuchen por parte de sus padres o tutores y por parte de personal sanitario, con pros y contras. Es decir, creo que se deberían establecer protocolos en los que una persona que se tiene que enfrentar a algo tan duro tenga toda la información posible. Y después de la decisión que tome, sea la que fuere, cuente con un seguimiento posterior adecuado, bien psicológico, bien de apoyo a la familia o lo que sea menester.


Lo que le hace falta a esta ley es la obligación, el deber de la Administración, de garantizar que la información llegue, así como una atención sanitaria correcta y gratuita, antes y después del aborto. Y si no lo hubiere, garantizar alternativas, que las hay.


Pese a estar de acuerdo en con que exista el derecho, también tengo que decir que, personalmente, el aborto me parece una barbaridad en la mayoría de los casos (entiendo algunas excepciones) y nunca, ni cuando era jovencita, creí que fuera una salida. Además, tengo que decir que no es cuestión de religión, porque no profeso alguna, simplemente es que pienso distinto a lo que parece ser la mayoría.


En éste, como en tantos otros asuntos, por lo que hay que luchar es por la erradicación de la ignorancia, porque sin información y sin educación se dicen y hacen cosas que, con el poder del conocimiento, no diríamos ni haríamos a los demás ni a nosotros mismos.

miércoles, 15 de abril de 2009

El automultiempleado y los idiotas

Recuerdo una serenata infantil que cantábamos en el colegio cuando jugábamos al fútbol unas clases contra otras:

“Tenemos un portero
Que es una maravilla
Que para todos los goles
Sentado en una silla
A: vamos a ganar
E: vais a perder
I: nos vamos a reír
O: menudo palizón
UUUUUUUHHHH!!!”

No sé por qué, pero con la presentación del nuevo Ejecutivo para gobernar los designios del Reino de España, esta simpática cantinela no se me va de la cabeza. Será porque el presidente se ha autoproclamado ministro de Deportes, para cumplir de alguna manera la promesa a dicho sector. Rodríguez Zapatero prometió un ministerio ad hoc, pero como estamos en crisis y hay que ahorrar, se ha automultiempleado en lugar de crear una nueva cartera que tire de la teta de los tísicos fondos públicos. Él es el gran portero, nuestro Iker Casillas particular, capaz de atrapar y despejar hábilmente todos los balones que nos vienen directamente a la cara a cada uno de los que habitamos en la piel de toro. Caras que, por cierto, se ve que son de idiotas.

Supongo que todos los Gobiernos poseen la fantástica capacidad de no dejar de sorprender, para único deleite de los que viven de opinar y escribir sobre ellos. Lo que sí es verdad es que los estilos se diferencian sobremanera.

Si el Gobierno popular que teníamos como precedente procuraba mantenernos atentos ante la próxima barbaridad que decidían con una chulería pocas veces vista, el socialista (que me río yo de lo de socialista) que padecemos nos entretiene con teatro y pasacalles, para que disfrutemos en las tediosas colas del paro.

De los nuevos actores que han ocupado la escalinata del escenario monclovita, será por llevar la contraria, pero de la que menos tengo que decir es de la nueva ministra de Economía, pese al rosario que le han rezado en casi todos los foros, más o menos autorizados.

Particularmente, encuentro a Elena Salgado una señora muy válida, recta, trabajadora y con férrea capacidad de mando, cualidades más que apropiadas en los tiempos que corren para la tarea que se le ha encomendado. Totalmente errónea, sin embargo, cuando la colocaron al frente de Sanidad, y como un guante, eso sí, cuando la retiraron al grisáceo Ministerio de Administraciones Públicas. Nada que ver con Solbes, que por fin ha conseguido lo que más ansiaba: ser ex ministro, y nosotros podremos guardar los sonotones para cuando realmente los necesitemos.

De los demás, pues cada uno tiene lo suyo. Lo que sí me ha parecido una mamarrachada han sido determinados ascensos, rápidos y a última hora, como para cumplir. El que más me desagrada es Pepiño Blanco, que es como volver a tener un Cascos socavando media España. Al menos Magdalena Álvarez tenía su gracia… aunque ella no se podía reír con mucho ímpetu debido la carga de botox que se me plantó en la cara.

Otra ascendida a las alturas ha sido Trinidad Jiménez, rescatando para Sanidad el tema los Asuntos Sociales y la ley de la dependencia, fabricante de tantos sueños. Para la tarea adicional, esta mujer queda que ni pintada, pero para el mochuelo de Sanidad, un Ministerio desministerizado… no la veo yo soportando las puntillitas de los pesados de los consejeros sanitarios de cada una de las comunidades autónomas. Principalmente el hueso de la de Madrid y su flamante Juan José Güemes.

Que a Sindes la hayan colocado al frente de Cultura, dado el perfil de dicho Ministerio últimamente, no creo que provoque ni frío ni calor, salvo a grupos pro-descargas de Internet exaltados.

El chiste más gracioso ha tenido como protagonista, cómo no, a un andaluz. El que el caudillito del sur, Manuel Chaves, aceptara la creación de una tercera vicepresidencia, con un título absurdo, con el objetivo de colocarle a la derecha del padre o, más bien, atarle en corto mientras el padre se reorganiza en Andalucía, muestra que tiene un gran sentido del humor porque se ríe de sí mismo.

Patidifusa me quedé, cuando el primer titular que leo acerca de la remodelación del Ejecutivo me dice que Gabilondo será ministro de Educación. Evidentemente, pensé en Iñaki, y me dije: cuán lejos se llega haciendo de palmero en esta vida. Pero no fue así, resulta que el Gabilondo era el hermano, un rector que, al menos quiero pensar, tendrá más Educación, con mayúscula, que sus antecesores.

En resumidas cuentas, me uno desde este cuaderno a la decepción general con el seminuevo Ejecutivo… aunque confieso que tampoco esperaba nada especial de la remodelación. ¿Ustedes no echan de menos la política y de más a los políticos?

jueves, 12 de marzo de 2009

Y fue lo mejor

Supongo que los interesados en materia maternal tienen cumplida cuenta de que la red de redes está plagada de webs y blogs cuya temática principal son las barrigas con habitante, bebés, pañales y cólicos del lactante.


Es por ello que prometo no convertir este cuaderno en otra página de consejos derivados de la propia experiencia que no sirven nada más que para uno mismo. Sin embargo, perdónenme si cometo algún desliz en este post, que se ha hecho tanto de rogar, porque mi santo y yo hemos comenzado otro camino que, sin duda, quedará grabado a fuego en nuestra memoria.


Como ya habrán deducido, lo mejor para lo que me quería preparar mi querido doctor es el personaje que les muestro en la foto que ilustra este puñado de letras. Es nuestro hijo o hija que crece a una velocidad impresionante en mi vientre. Nos dieron un susto, lo peor, de que quizás el muñequito había decidido abandonar el exhausto trabajo de formarse a base de células madre, pero todo fue, gracias a Dios, una falsa alarma.


Y ahí está, haciéndose notar ya con sus pocos centímetros de largo. Me gusta su carácter, le ha callado la bocaza a todo un profesional de bata blanca.

viernes, 30 de enero de 2009

“Te tengo que preparar para lo mejor y para lo peor”

Si hay profesiones que respeto y admiro desde luego son las sanitarias. El profesional de bata blanca, se ocupe de la parte del cuerpo o de la mente que se ocupe, es una persona que te mejora la vida. Pero ahora mismo tengo un profundo malestar por cómo me están tratando. Y la historia a nadie le sonará nueva.

Estoy herida porque tengo que comprender que determinados problemas de salud son para ellos lo más normal del mundo y, sin embargo, ellos no pueden comprender que asumir la noticia de dichos determinados problemas de salud no es en absoluto fácil.


Para más inri, carezco por el momento de diagnóstico. Tan sólo poseo un “puede que sea esto, puede que sea lo otro” que, una vez sorprendido por mi cara de pánico, fue apostillado por un “yo no te estoy diciendo ni una cosa ni la otra, pero tengo que preparar para lo mejor y para lo peor”.

Hundida, salí de la consulta preguntándome por la necesidad que tenían de haberme provocado esta angustia que tiene que durar la eterna espera de las pruebas. ¿Es que no es mejor ocuparse del problema cuando ya se sabe qué es y no preocuparse previamente con el riesgo de agravarlo o quién sabe si ocasionarlo?

Tan sólo imploraba una respuesta, si no certera, una probabilidad. Y lo que obtuve fue el cansino: “Tú lo que tienes que hacer es que estar tranquila”. Gracias a Dios, vivo con un remanso de paz que es mi santo varón, y su fuerza y apoyo me están dando el soplo de aire fresco que evite fabricar lágrimas.


“Los médicos se curan en salud”, me dicen los más allegados, “no debes hacer caso, ya sabes cómo son”. Pero ¿por qué hacen esto? ¿Qué ganan ellos y qué gana el paciente?Mi problema no es un gran problema, es decir, no es una enfermedad grave que me cueste la vida. Pero si “lo peor” ocurre, eso para lo que mi médico pretende prepararme, va a ser un golpe muy duro.


De momento, como evidencio en mi texto, no quiero entrar en detalles, tan sólo es una reflexión sobre esta actitud de los médicos que parece que todo el mundo tiene que comprender por decreto.

sábado, 3 de enero de 2009

Mucha salud para todos


Pese a la desaparición de la que suscribe por algo más de un mes, además de disculparse desea desear, como es de personas de bien, un feliz año nuevo que ya alcanza la cifra de 2009 según la era cristiana.

Y si hay algo que me gustaría que todo el mundo gozara para estos doce meses, y numerosas decenas de docenas de meses que vengan, es de una buena salud. El amor va intrínseco en mis buenas intenciones, ya que sin amor, en un sentido amplio, no se puede estar del todo sano. Y el dinero... ese viene y va, pero estarán de acuerdo en que es más fácil conseguirlo si no nos falla la maquinaria.

Lo dicho, queridos míos, que tengan ustedes una vuelta de la Tierra alrededor del Sol lo más felices que puedan... y siempre, aunque sea un poquito, se puede.

viernes, 28 de noviembre de 2008

Frente a la Puerta de la India


Allí donde hoy el terror campa a sus anchas, da la casualidad que una servidora recibió el año 2007. Se trata del hotel Taj Mahal, el más lujoso de Bombay (lo siento, me niego a decir Mumbai, como a Pekín llamarle Beijing), la capital financiera de la India y el lugar donde ese país muestra su multiplicidad de caras. Todas ellas espectaculares... para bien y para mal.


En estos días, el ostentoso lujo de dicho hotel ha teñido sus espesas alfombras de sangre, sus magníficas lámparas de cristal se han roto por el temblor de las explosiones y el miedo ha congelado sus cálidos muros. Cuánto aumenta la tristeza cuando conoces personas y lugares que se ven envueltos en tanto sufrimiento. Tanto es así, que anoche mi subconsciente regresó a aquel lugar obsequiándome con una pesadilla que me acercaba a la desgraciada aventura que han pasado cientos de personas. Entre ellas, por supuesto, la afortunada presidenta de la Comunidad de Madrid. Otros, aún sin cuantificar del todo, no han tenido la misma suerte.


La primera vez que entré en el Taj Mahal Palace acudía a la ceremonia de pintura de manos con henna dentro del programa de una boda hindú, con cuatro días de celebraciones. Allí dibujaron con gran destreza una cenefa que enjoyó mis manos en un santiamén. Mientras aquella sustancia tan rara se secaba, la música, los colores y el baile no cesaba a mi alrededor. Estaba en una mismísima película de Bollywood. Lógicamente, los protagonistas del matrimonio al que tuve la suerte de acompañar pertenecían a dos de las familias más ricas de la India. Creo que nunca más volveré a ver tanto diamante junto.


Las puertas del Taj Mahal Palace miran hacia el monumento más emblemático de la ciudad, la Puerta de la India. Allí es donde fijamos la vista mi familia política y yo desde las ventanas de un gran salón del hotel, con las copas de champán en la mano para esperar unos prometidos fuegos artificiales que dieran comienzo al año 2007. Era curioso recibirlo tres horas y media antes que mi familia en España. Los pies de la Puerta de la India y todos sus alrededores se encontraban atestados de personas. Pero los fuegos artificiales no llegaron y tuvimos que conformarnos con una cuenta atrás al son de los miembros de la orquesta del baile.


No obstante, tengo que decir que no todo lo que allí vivi fue positivo. En el catering de Noche Vieja, algún camarero o cocinero no se debió lavar las manos, porque después del baile, mi santo varón, su mamá, y yo nos pasamos desde la madrugá del 1 de enero de 2007 echando por nuestra boquita lo que no está escrito. Supongo que una intoxicación forma parte de cualquier excursión que se precie a la India.


Mientras las fuerzas de seguridad tratan de liberar las últimas habitaciones del Taj Mahal Palace, y el Gobierno indio le echa las culpas a Pakistán (no vayamos a perder el tiempo), la verdad es que me apetece recordar un par de anécdotas de este edificio. Recuerdo que alguna de ellas ya mencioné en un pequeño reportaje que redacté en el periódico en el que trabajaba hasta hace unos meses.

Resulta que un joven llamado Jamtseji Tata intentó entrar en un hotel británico a principios del siglo XX. Indignado porque le negaron el paso por el hecho de ser nativo, decidió construir el hotel más lujoso del mundo. En 1903 se inauguró el Taj Mahal Palace, en cuyas cúpulas se respira el aire del país, pero su interior refleja la exquisitez de la Gran Bretaña victoriana. El nombre de Tata no les resultará desconocido. Este parsi es dueño a día de hoy del grupo industrial más rico de la India y una de sus filiales India Hotels tiene establecimientos en las ciudades más importantes de todo el globo.


Pero este hotel tiene otra historieta muy particular... aunque se puede clasificar dentro de la leyenda urbana de Bombay. El arquitecto del Taj Mahal Palace se ahorcó cuando visitó por primera vez su obra. La razón es que comprobó que se había construido al revés de como lo había diseñado. Las puertas del hotel miran hacia la Puerta de la India y tan insigne profesional no creía una feliz idea que la entrada de un edificio de estas característica estuviera de cara a un hediondo puerto.


No entendió este pobre hombre las maravillas que nacen de las grandes equivocaciones.